Un testimonio sobre mi grandioso método de trabajo.

Terrícola

Se suele explicar en algún lugar de la página web, el método con el que se trabaja o enseña. Si bien he estudiado administración hotelera, teatro, una modalidad de coaching transitando por algunas prácticas espirituales; sin duda el centro de mi propuesta se basa en como abordar los fracasos. 

 

Mi experiencia en el tema del fracaso es vasta. Por ello, puedo decir que tengo un amplio conocimiento en ese campo. Desde niña descubrí que mis errores eran una escena cómica para los demás, y es así como descubrí que ser tonta, ridícula o torpe no era algo malo sino más bien una oportunidad para crear una escena cómica. Verlos reír, por alguna extraña razón, siempre fue muy gratificante.

 

Así anduve por muchos años hasta que sin darme cuenta solo quería hacer reír, pero esto generó que mi lado más oscuro se viera reprimido y desarrollé una personalidad secreta dedicada a escribir poemas tristes llenos de ideas melancólicas y depresivas. Por un lado, era la "payasa" y por el otro era un personaje oscuro y abatido. Esto duró bastante tiempo, años. Hasta que fui revelando todo, ya no había nada que ocultar. El clown fue una gran herramienta, el Galli Method, el Budismo Zen, todas estas prácticas me llevaron al mismo lugar.

Los sentimientos, esas sensaciones que apreciamos tanto y que permitimos que nos aborden a veces desmedidamente son usualmente la causa de nuestro sufrimiento o nuestra felicidad. La tristeza, la ira, la frustración, la vergüenza, el miedo, la alegría, el orgullo o el placer. De una forma o de otra cuando nos sentimos así, decimos que algo o alguien nos “hizo” sentir eso y vivimos con esta idea durante toda nuestra vida.

 

Cuando empecé a estudiar teatro y posteriormente cuando enfoqué todo mi entrenamiento en el personaje del clown, comprendí algo interesante. Para mí los sentimientos se convirtieron en meros motores creados por el ego para hacer escenas clown. Digo “el ego” pues desde mi experiencia mi ego y el tuyo son lo mismo. Todos están atrapados en la idea de que algo o alguien nos hará feliz o triste. Y ahí concluí que el ego o la identidad es como un payaso se comporta en pleno show. El payaso no sabe que es un payaso, en su mente todo es muy serio, no está pensando que tiene que hacer reír solo vive abrumado por sus emociones y siempre, a través del melodrama expresa el lado más oscuro de sí mismo. La diferencia entre el payaso y nuestros egos del día a día es que él lo muestra todo, no reprime nada y no piensa que esta mal o bien, solo lo hace con absurda inocencia. Por eso es gracioso, porque al mostrarlo todo revela su tremenda fragilidad y ridiculez.   

En el teatro quien se ríe del payaso es la audiencia a quién yo veo como nuestra consciencia que ve claramente lo ridículo que es nuestro ego y lo entrañable que es cuando lo vemos frágil. Finalmente, el actor es la conexión que hace esto posible. Si el actor no está escuchando a su público y no está conectado con su personaje, este puede abstraerse, abandonar su fragilidad y ofrecer un espectáculo sin vida, sin gracia y sobre todo, con la sensación de una falsa actuación.

 

Hacer reír ya no es solamente "hacer reír para mí", es una práctica constante para mirar mis fracasos y mis éxitos de la misma forma, en la misma medida. Reírnos de nosotros mismos no tiene sentido si lo hacemos en la privacidad. Cuando experimentamos el ridículo o el fracaso frente a otros sin perturbarnos de una forma negativa, revelamos la gran sabiduría que tenemos dentro.

 

Mi método en todo lo que hago es el mismo. Empecemos por quitarnos esa atractiva imagen de "persona bajo control" y permitamos que se nos vea tontos, torpes y frágiles. Así podremos empezar cualquier búsqueda, práctica o proyecto. ¡A fracasar!